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La separación no es el final de una familia

Según cifras del Registro Civil en el año 2016 se divorciaron 48.608 parejas en nuestro país. Esta realidad tiene directa relación con muchas de las consultas que recibimos en nuestro centro, pues un número significativo de padres buscan ayuda de un profesional debido a los cambios que observan en sus hijos e hijas luego de un quiebre matrimonial.


Cuando una pareja decide que la separación es la solución a sus problemas, ésta suele ser una decisión bastante compleja y dolorosa, más aún cuando existen hijos que deberán adaptarse a un nuevo modelo familiar. Y a pesar de ser una decisión muy compleja, para los más pequeños esta opción es, en ocasiones, mucho mejor que convivir con padres que luchan por sostener un matrimonio que ya no resiste más la crisis.


Algunos padres suelen consultar de manera preventiva y asisten con la inquietud y preocupación de cómo reaccionarán sus hijos ante la noticia del quiebre. Otros, buscan asesoría sobre cómo poder abordar el tema y explicarles lo que está sucediendo y, en su gran mayoría, cuando observan cambios negativos en sus hijos después de la separación.


Independiente de cuál sea la inquietud de los adultos, para los niños un quiebre de pareja suele impactarlos de manera negativa, ya que se encuentran atentos a este cambio aunque verbalicen que “no les importa” o que “está todo bien”, pues el hogar que conocían no vuelve a ser el mismo, sintiendo en ocasiones que pierden la base segura que les brindaban sus padres, enfrentándose a un mundo totalmente desconocido.


Las consecuencias que se pueden observar en los niños tras la separación de los padres dependen de diversos factores como la historia personal y familiar, su habilidad para poder adaptarse a los cambios y la etapa de desarrollo en la que se encuentren. Sin embargo, podemos observar que aparecen, en la gran mayoría de los casos, disminución en el rendimiento escolar, autoconcepto negativo, dificultades sociales, problemas conductuales y dificultades emocionales como ansiedad, culpa, miedo, depresión, entre otros.


Una vez tomada la decisión de la separación, es conveniente que los adultos les expliquen a sus hijos de una manera sencilla y concreta lo que está sucediendo, detallando los nuevos cambios en términos de organización, sin crear falsas expectativas y mucho menos mentir.


Es fundamental poder transmitir a los niños el mensaje de que, independientemente de que sus padres ya no se encuentran juntos como pareja, siguen siendo sus padres y pueden contar con ellos de la misma manera en que contaban antes, y que su separación, no implica una pérdida de amor hacia ellos.


El punto más importante en este nuevo escenario es que los padres logren llegar a acuerdos con respecto a sus hijos. Organizarse en los tiempos y días de visita, distribuir las responsabilidades tanto económicas, académicas y sociales, continuar una crianza positiva que establezca límites claros y disciplina, evitar las descalificaciones mutuas y discusiones frente a los niños, son acciones que lograrán que sus hijos se sientan protegidos, cuidados y queridos por ambos.


Debemos recordar siempre que los adultos, independientemente de sus desacuerdos como pareja, son y deben actuar como padres, ya que sus roles no desaparecen, por lo que deben velar por el bienestar y felicidad de sus niños. La familia se transforma pero no por esto se desintegra.

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